Si nos atenemos a las extraordinarias propiedades que la ciencia atribuye al brócoli, casi deberíamos referirnos a él más como una medicina que como un alimento. Esta planta crucífera pasa por ser la hortaliza con mayor valor nutritivo y un auténtico salvoconducto para mantener a raya al siempre temible cáncer.

El brócoli es una planta crucífera similar a la coliflor, originaria de Asia Occidental y de las costas del Mediterráneo europeo, que hoy en día se cultiva en todo el mundo. De nombre botánico Brassica oleracea, entre los agricultores romanos era conocido como “los cinco dedos verdes de Júpiter”, en alusión a su forma y a sus propiedades. Los Rasenna, un pueblo establecido en la actual Turquía, antecedentes de los etruscos, lo introdujeron en la Toscana italiana, adonde emigraron hacia el siglo VIII a.C. Posteriormente, se fue expandiendo por toda Europa y por otros países del mundo como Estados Unidos, que actualmente es el principal consumidor e importador de brócoli del planeta.

Una composición privilegiada
El secreto que se esconde detrás de las interesantes propiedades para la salud del brócoli no es otro que una composición química realmente prodigiosa, que lo ha elevado a la cabeza de la clasificación de hortalizas con mayor valor nutritivo por unidad de peso de producto comestible. El agua es su principal componente, lo que redunda en un escaso valor calórico (unas 34 kcal por 100 g), y al igual que el resto de crucíferas, posee un completo contenido vitamínico, que va desde la vitamina C a la E, pasando por ácido fólico, niacina, provitamina A (betacaroteno) o vitamina B1. Potasio, calcio, magnesio, zinc, yodo y hierro son los minerales más abundantes en el brócoli.

Enemigo acérrimo del cáncer
Pero si algo ha servido para situar al brócoli en un imaginario pedestal terapéutico, han sido sus propiedades anticancerígenas, que adquieren consistencia día tras día, como lo ponen de relieve diferentes estudios clínicos. De ellas serían responsables diversos compuestos fitoquímicos, entre ellos indoles, glucosinolatos e isotiocianatos (ITCs).

En los últimos años, han abundado los estudios clínicos que han puesto a prueba con éxito sus cualidades antitumorales. En 2006, investigadores de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, encontraron vinculación entre el consumo de brócoli y la reducción del riesgo de cáncer, a nivel general, lo que atribuyeron a la presencia de Indole-3-carbinol (I3C) en su composición. Un año más tarde, un equipo canadiense del Cancer Care de Ontario concluyó que los mayores consumidores de crucíferas, en especial brócoli y coliflor, tenían un riesgo considerablemente menor de contraer cáncer de próstata. En 2008, un estudio realizado por investigadores del Rosswell Park Cancer Institute de Estados Unidos evidenció que el consumo de ITCs a través de la dieta era inversamente proporcional con el riesgo de cáncer de vejiga. En 2011, científicos del Linus Pauling Institute de la Universidad de Oregon, Estados Unidos, descubrieron que el sulforafano, un ITC presente en el brócoli, proporcionaba un ataque multi-modal contra el desarrollo y la proliferación de las células cancerígenas mediante un complejo mecanismo epigenético. En 2014, investigadores de la Universidad inglesa de Warwick descubrieron que esa misma sustancia protegía la salud celular, al activar una proteína, la Nrf2, responsable de estimular los mecanismos de defensa celular y aumentar los niveles antioxidantes celulares. Su efectividad se incrementaba ostensiblemente cuando se la exponía al sulforafano.

 

Otros destacados beneficios
Además de sus contrastadas propiedades anticancerígenas, el brócoli también aporta otros beneficios sumamente interesantes a nuestro organismo:

  • Los ITCs, en especial el sulforafano, le otorgan un papel protectar sobre la mucosa gástrica, ayudando a prevenir el sobrecrecimiento bacteriano de Helycobacter pylori, o una excesiva adherencia a la pared estomacal de esta bacteria.
  • Posee un potente impacto positivo sobre el sistema de detoxificación, atribuible a tres glucosinolatos: glucorafanina, gluconasturtina y glucobrasicina, capaces de sustentar todos los pasos que componen el proceso de detoxificación del organismo, incluyendo la activación, neutralización y eliminación de contaminantes no deseados.
  • Es especialmente rico en kaempferol, un flavonoide con capacidad para disminuir el impacto de las sustancias ligadas a la alergia en nuestro organismo.
  • Su alto contenido en vitamina C, flavonoides y carotenoides como luteína, zeaxantina y betacaroteno le confiere una acción antioxidante especialmente significativa.